La noción del espacio de transición, aun que menos precisa, pero explotada por los que poseen una casa individual y ya citada antes a propósito de los «límites», define. las relaciones entre el exterior y el interior del alojamiento.

Reestablece el antiguo vínculo que ligaba la habitación al suelo y el habitante a la realidad física de la vida exterior . Se pone de manifiesto como una imposibilidad de vivir para todos los que poseen un espacio familiar que termine en la fachada de los inmuebles, como una censura brutal e injustificada entre el exterior y el interior. Las nociones de suelo y de cielo privado se tambalean como tantas otras transiciones necesarias entre los elementos naturales y la protección asegurada por la vivienda.

Un sentimiento de seguridad queda ligado, pues, a estas palabras. La posesión de un espacio exterior privado, como un jardín, garantiza la protección de los niños porque está cerrado, lo protege contra el peligro y el exterior porque queda aislado. El suelo de este tipo de espacio está hecho de manera que refleje las estaciones, estructurado a la medida del hombre. Definido de este modo, constituye un reflejo de vida a escala de la vivienda en la que el ocupante puede hallarse tan libre como en el interior. Su accesibilidad inmediata se opone a la del exterior. Disminuye la agresividad debida a la impotencia de actuar sobre todo lo que no es propio. En cierta medida, estos espacios suponen también la idea de viento, lluvia, sol, un mundo en pequeño que es posible ordenar y transformar. Es así como debe ser un jardín y que el arte japonés define para cada individuo: la reducción de la naturaleza, su representación simbólica de la que nos hace sentirnos dueños.

En todos los casos de construcción dentro de un medio urbano, en los que se trabaja con
importantes densidades, las soluciones a estos problemas habría que buscarlas a partir de
una noción de “espacio de transición construido” entre la vivienda y su entorno. Estos espacios vendrían a ser como una especie de exteriores privados, prolongamientos horizontales de la vivienda hacia el exterior. En los balcones y las logias se puede intuir una expresión embrionaria de tales espacios. Imagen de la vida exterior, debieran ser simultáneamente un reflejo del tiempo. Poseer, por lo tanto, al menos dos orientaciones hacia el exterior, estar situados en lugares ambivalentes, servir a la vez como abrigo de los vientos, del sol demasiado intenso, de las vistas demasiado lejanas, de las miradas indiscretas y, al mismo tiempo tener puntos de contacto con todos los elementos físicos.

La vida social a nivel de los contactos diarios y de las relaciones con la vecindad, se manifiesta a través de zonas semipúblicas, semiprivadas, variables según las las épocas y los pueblos. Tales eran los rincones oscuros de las ventanas las arcadas de las viejas casas provincianas.

imagen de espacio en transición

Los espacios exteriores del alojamiento desempeñan también este papel de transición social entre el camino público y el dominio privado. Tendrían que ser pues una especie de filtros que lograran que, al propio tiempo, uno se halle dentro de su casa, aunque sin estar y, a voluntad pueda dejarse ver para conversar con alguien. Las persianas, las celosías y los arbustos se emplean con este fin.

De hecho, la articulación entre el exterior y el interior, si permite un cierto dominio de la situación en las relaciones sociales con la vecindad, no se limita a esta zona de transición. El camino de acceso a la casa, las dimensiones de la vivienda, todo el contexto urbano, desempeñan un papel en esta conciencia colectiva de estar en casa.

Estos aspectos, que son los más urbanos del hábitat, rebasan el ámbito de nuestro estudio y, a pesar de que ello se tiene en cuenta de una manera subconsciente, los problemas surgidos a este propósito no han sido específicamente desarrollados.

Las propuestas que hacemos en materia de «prolongación de la vivienda» no son más que una contribución a una realidad

más colectiva que regula la vida de las ciudades. Ellas solas no definen todos los vínculos que existen entre el exterior y el interior de la casa, aunque de todas maneras perderían toda significación en los casos de un contexto exterior particularmente agresivo. Finalmente, tampoco podrían aportar ninguna solución a los otros problemas que plantea el trabajo y el reposo en la vida urbana. Por consiguiente, su aplicación puede ser útil, pero únicamente  en el caso de que los otros desórdenes de nuestro entorno no sean demasiado difíciles de superar, se puede considerar, en efecto, que no hay casi necesidad de tales espacios de transición para una vivienda que se abandona por la mañana y a la cual sólo se regresa para vivir en ella durante la noche.

Posted by:xarquitectos

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